Posteado por: museodegrandesnovedades | mayo 18, 2011

La policía metropolitana y el futbol (contravenciones blandas y el predio de Español)

http://www.ole.com.ar/boca-juniors/sociales/superclasico_0_482951739.html

El otro superclásico

Boca, que dice no vender entradas, admitió ala Justiciaque para el súper expendió 3.000 populares por canales no habituales. Sospechan que fueron para la reventa.

Una investigación dela Justicianacida al calor del superclásico, demostró que Boca sí vende populares, y en un número considerable, aunque no lo hace por el canal habitual en estos casos, que es la boletería general.

El puntapié inicial de la causa surgió tras observarse en Casa Amarilla la reventa de populares para el súper a 500 pesos. No se detuvo a nadie porque la ley de la Ciudad desde septiembre de 2004 y a propuesta de Eugenio Burzaco, delfín por entonces de Mauricio Macri en la Legislatura y actual titular de la Policía Metropolitana, sólo pena la reventa si esta produce disturbios. Casi una invitación a hacerla. Como fuere, lo que llamó la atención a los funcionarios era cómo se revendían localidades que supuestamente no existían, dado que es de público conocimiento que Boca no expende entradas. Siguieron a los compradores y comprobaron que los molinetes no rechazaban los tickets. Es decir, eran legales. A eso se sumó un escándalo posterior: a 15 minutos para empezar el partido, se cerraron los ingresos para la popular dado que no cabía más gente y cerca de 3.000 hinchas con su carnet correspondiente no pudieron ingresar. Ahí los funcionarios judiciales hicieron un procedimiento y comprobaron que habían pasado oficialmente por molinetes 59.500 personas, cuando la capacidad admitida para La Bombonera es de 51.000 según afirma el Comité de Seguridad o de 58.000 según retruca el club exhibiendo una habilitación en ese sentido del Gobierno de la Ciudad. Lo cierto es que por más o menos gente, Boca estaba en falta. Y entonces se le requirió que informe sobre entradas que habían regalado o de protocolo. Y cuando vino la respuesta, la sorpresa fue mayúscula: por fuera de las que dan de compromiso (que entre agrupaciones y boletos corporativos serían 1.500), había 3.000 populares a 40 pesos que salieron a la venta por canales no habituales.

La causa, que hasta ayer al mediodía estaba en manos del fiscal Walter López y pasó por sorteo a la fiscalía de la doctora Marcela Solano, dio pie en los tribunales porteños para muchas especulaciones y la más fuerte, es que buena parte de esos tickets alimentaron la reventa por la web y en las adyacencias del estadio. El número final, con sólo multiplicar cada ticket por los 500 pesos que se llegaron a pagar en Casa Amarilla, da escalofríos.

http://www.revistauncanio.com.ar/note.php?id=658

Haciendo (mierda) a Español

El presupuesto educativo destinado a cubrir las necesidades básicas de las escuelas del Sur porteño es subejecutado. A menos que los beneficiados sean los futuros agentes dela Policía Metropolitana.Su instituto de formación llegó al Bajo Flores para quedarse. El barrio elegido para instalarlo fue todo un mensaje. En las barriadas populares, el Estado llega en uniforme y a bastonazo limpio. Lo saben sus vecinos. Y también lo saben los socios del Club Social, Deportivo y Cultural Español. En casi ocho de las catorce hectáreas de su predio, frente al Parque Indoamericano, se forman los hombres de la fuerza creada por el Fino Jorge Palacios.

Desde que el 60% de los porteños votaron a Mauricio, quien definitivamente era Macri, los gallegos comenzaron a perderlo todo. El hijo de Franco logró lo que no pudo como empresario, ni como presidente de Boca: apropiarse, aunque más no sea transitoriamente, de las instalaciones del club de la colectividad. Al poco tiempo de haber llegado al gobierno, Macri le compró el predio a la Corporación del Sur, que para ese entonces tenía como titular a Humberto Schiavoni, uno de los tantos amigos en común entre el líder del PRO y el empresario yerbatero misionero Ramón Puerta. Todos por Deporte, una flamante organización creada por el abogado César Francis, quien trabajó en la ley que evitó el cierre del club, quiere revisar los detalles del contrato de venta, debido a las dudas que genera.

En abril de 2007, la Corporación adquirió en un remate el estadio y el poli en cerca de 7.000.000 pesos. La oferta superó a las presentadas por Marcelo Tinelli, a la de una empresa vinculada con Hugo Moyano y a la de Héctor Sluga, un financista que quiso saltar de la presidencia de Almagro a la de San Lorenzo de la mano de Fernando Miele. La Corporación, además de absorber la deuda, se comprometió a hacer del club un ámbito abierto a la comunidad.

A Macri poco le importó que los habitantes del Sur puedan tener un espacio para la recreación y el esparcimiento. Tampoco le preocupó desdecirse. En sus tiempos de presidente xeneize había expresado que su intención de trasladarla Bomboneraa Santiago de Compostela y Autopista Lacarra, su gran obsesión, también buscaba fortalecer el club social y deportivo. Una vez en el poder, prefirió hacer lo contrario. Los asociados cada vez cuentan con menos espacio. Los quinchos, ámbitos en los que en las mejores épocas casi 3.000 personas socializaban cada fin de semana, ya son parte de una geografía olvidada. Lo mismo que sus cinco piletas, una de ellas olímpicas, y sus canchas de tenis, béisbol y sóftbol. También sus gimnasios. El hockey sobre patines, pese a haber sido subcampeón metropolitano, fue borrado de un plumazo. Sus jugadores protestaron con un entrenamiento en plena calle. Nadie les prestó atención. Al básquet no le fue mejor. Todas sus categorías, desde pre-mini hasta primera, perdieron su plaza enla Federación.

Hacia adentro las opiniones están un tanto divididas. Algunos ven el vaso medio lleno. Otros lo observan medio vacío. Los primeros dicen que se salvaron siete hectáreas. Los otros que se perdió la misma cantidad. “Las dos visiones son parcialmente ciertas. Hemos perdido la mitad del club, pero de no haber sido por la buena voluntad de algunos funcionarios lo hubiésemos perdido todo”, cuenta el ex vicepresidente Luís Tarrío Gómez, quien, junto a otros socios y al abogado César Francis fue de los más activos al momento de salvar al club.

Como en tantas otras áreas, el gobierno PRO menospreció el deporte y la contención social. En este caso lo reemplazó por aulas en donde se enseña como actuar ante el merodeo de personas sospechosas por portación de rostro. A Español sólo le quedaron tres canchas auxiliares de fútbol, otra de baby, un pequeño estacionamiento, la histórica confitería, en donde los gallegos más viejos juegan a las cartas, y dolor de ya no ser.

La obsesión de Mauricio

Allá por 1993, El Pibe, como lo llamaban los empleados de las empresas de su padre, era sólo un portador de apellido que anhelaba meterse en el fútbol. Había intentado gerenciar sin éxito a Quilmes, Alvarado de Mar del Plata y Deportivo Italiano. Lejos de desistir, su buena sintonía con el caudillo gallego, Francisco Ríos Seoane, lo llevó a pensar en un ambicioso plan, en el que no importaban las identidades ni el arraigo. La cosa era así: Deportivo Español vendía su derecho a jugar en Primera, y se convertía en Mar del Plata Fútbol Club, hacía de local en el estadio mundialista y lo dirigía el siempre progresista César Menotti. Para contentar a los hinchas, quienes dejaban de ver a su equipo jugar en el Bajo Flores, el club mantendría su identidad en una categoría del Ascenso, pero contando con un plantel competitivo y un elevado presupuesto. Los socios se opusieron al engendro, y Macri y Ríos Seoane no pudieron concretar su negocio. Este sería el primer intento del ahora (ex)precandidato presidencial para adueñarse de Español, pero no el único.

Al poco tiempo de asumir el poder transformó a Boca en el primer club en más de cien años en solicitar la quiebra de otra entidad deportiva. El pedido lo hizo por una deuda de apenas 80.000 dólares. No tuvo éxito. Pero para quebrar a Español, Macri, al igual que su socio ideológico De Narváez, tenía un plan. En 1997 cedió a préstamo sin cargo y sin opción a aquellos jugadores sin lugar en el Boca de Héctor Veira. La lista la conformaban el Pepe Basualdo, Pedro González, Silvio Carrario, Sandro Guzmán y Raúl Peralta, entre otros. Por todos ellos, Español pagaba 500.000 dólares/pesos mensuales de contratos. El excesivo gasto dejó al club al borde de la cesación de pagos, y el fracaso deportivo aceleró el descenso ala B Nacional.

Macri buscó concretar el otro pedido de quiebra a través de una empresa amiga llamada Diseños y Construcciones SRL, pese a que esta jamás había tenido relación comercial con el club, pero sí con uno de los miembros del plantel: Sergio Castillo, aquel defensor hermano de Hugo, el delantero que jugara en el Gallego y en México, le compró a DyC un departamento ubicado en la zona de Parque Chacabuco. Pagó el inmueble con documentos que había recibido cuando fue transferido a Boca, los cuales, obviamente, no tenían fondos.

Social Español sigue de mal en peor. Aquellos resonantes triunfos en la Bombonera y el Monumental ya son solo un buen recuerdo para sus hinchas. Su futuro parece estar, irremediablemente, en la Primera C (último en el promedio del descenso). Tiene menos de mil socios, cuando reunía a más de 20.000 en sus años dorados. Ya no tiene entre sus preocupaciones tener que lidiar con lo que era su enorme pasivo, ni con el posible remate de sus bienes. Sus instalaciones le pertenecen al gobierno porteño, que tiene la potestad de decidir qué hacer con ellas. Lo que es lo mismo que decir que Español duerme con el enemigo. O sea, con Mauricio Macri.

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