Posteado por: museodegrandesnovedades | abril 18, 2011

Creando inseguridad (10) El clarín del domingo

El gran diario argentino, aprovecha su versión dominical para generarles miedo a los porteños.

Con respecto a los motochorros, sería bueno que aclararan que la ley que tanto pidió el macrismo no se aplicó porque aseguraron que no iba a servir.

De todas maneras podrían volverla a sacar por decreto de necesidad y urgencia para crear una nueva contravención como lo hicieron para sancionar los piquetes sindicales de este mismo diario.

http://www.clarin.com/policiales/kits-antivandalicos-forma-prevencion_0_464353699.html

Los “kits antivandálicos”, una forma de prevención

Una forma de prevención para evitar la rotura de cristales por parte de los ladrones es la que empezaron a ofrecer últimamente las empresas especializadas en blindaje:los llamados “kits antivandálicos” .

Se trata de una alternativa económica, que no protege de las balas pero evita que los vidrios exploten ante un golpe. Consiste en un film plástico casi imperceptible, de poco más de un milímetro de espesor, que se coloca en la cara interna de los vidrios de las ventanillas y de la luneta.

Según pudo determinar Clarín en algunas concesionarias y casas de repuestos de la calle Warnes, el precio para colocar este sistema de “blindaje” es de entre 1200 y 1600 pesos, de acuerdo con el tamaño del vehículo que se pretenda proteger.

Esta lámina, que puede colocarse en los cristales de cualquier modelo de auto (o, incluso, de una casa), forma una capa protectora transparente, que no oscurece el cristal y resiste pedradas, botellazos y fuertes impactos .

Si el golpe es demasiado violento y el vidrio igual se astilla, los fragmentos no se desprenden sobre los ocupantes del vehículo, sino que se mantienen juntos e inmóviles, adheridos a esta película. El film garantiza, además, que los pasajeros no sean alcanzados por objetos lanzados desde afuera.

Este film adherente no se utiliza para el parabrisas, dado que estos vienen ya “laminados”. Es decir, especialmente tratados con películas que ante un impacto posibilitan que el cristal no estalle y resguarde así la seguridad del conductor y del acompañante.

Según las empresas consultadas, el tiempo de colocación del film en el taller no demora más que dos horas.

http://www.clarin.com/policiales/clasico_0_464353698.html

Casi un clásico

El fenómeno de los motochorros dista mucho de ser nuevo y ya está a punto de convertirse en un clásico. Su permanencia es sinónimo de muchas ausencias: la de los policías en las calles, la de un acertado ordenamiento y control del tránsito y la de normas adecuadas, entre otras. Aún cuando no haya sangre de por medio ni víctimas fatales, el problema afecta la vida cotidiana de demasiada gente de manera constante.

http://www.clarin.com/policiales/Recoleta-vecinos-hablan-robos-cotidianos_0_464353700.html

En Recoleta los vecinos hablan de robos cotidianos

Dicen que hay arrebatadores y punguistas, además de motochorros. Y reclaman más policías.

Una recorrida de Clarín por la zona de Recoleta, uno de los barrios más afectados por los ataques de motochorros en los semáforos, permitió verificar que los arrebatos callejeros, los punguistas y los robos a automóviles son algo cotidiano. Por lo menos, así lo señalan los vecinos y comerciantes que trabajan allí.

Todos los consultados en la zona de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón remarcaron que hay muchos horarios en los que “no se ve ni a un policía” en la zona. Y señalaron que los motochorros, las figuras más temidas, son visitantes habituales .

“No sé si es cosa de todos los días, pero son bastante comunes los asaltos en moto”, aseguró Darío, encargado de un edificio ubicado en Agüero al 1900. “Cuando yo veo una moto parada, sé que algo está por pasar . Uno de los ladrones te sigue a pie para ver qué llevás encima, mientras el otro lo espera en la moto. Si yo trabajo detrás de rejas es por algo”, dice Juan Manuel, empleado en un local de quiniela ubicado en Agüero y Pacheco de Melo que parece casi una fortaleza . Una jaula encierra al muchacho.

Gustavo, grandote como un ropero y tatuado hasta el cuello, es el encargado de un edificio que queda en Peña al 2700. “Los arrebatos son cosa de todos los días . Vienen en moto y se escapan para el lado de Santa Fe”, le dijo a Clarín .

También en Recoleta, aunque del otro lado de la avenida Las Heras, en la zona que está alrededor del cementerio, los vecinos y comerciantes remarcaron que suelen sufrirse arrebatos. Y que las principales víctimas son los turistas, que pasean despreocupados con cámaras de fotos a la vista, o que no están advertidos de la posibilidad de que les arranquen la cartera.

“Acá está lleno de punguistas, en moto, a pie… están t odas las variantes que uno quiera imaginarse ”, cuenta Julio, empleado de un puesto de diarios que está ubicado en Quintana y Plaza Francia, de cara a la tradicional confitería “La Biela”. Por allí mismo, un taxista con pinta de “sabérselas todas” y el encargado de un hotel –que no quisieron dar sus nombres– aseguraron que en los alrededores del cementerio actúa una banda muy bien organizada de asaltantes profesionales.

“Usan diferentes autos, yo tengo identificados unos siete. Dejan el coche estacionado, con un tipo arriba. Otros tres se ponen a caminar un rato como si fueran turistas, localizan a quien robar y después se escapan en el auto, con el cómplice como chofer”, relató el taxista. “¿Sabés las veces que vemos a la gente salir corriendo atrás de un coche o una moto porque le robaron algo? ¡Miles!”.

http://www.clarin.com/policiales/inseguridad/Peligro-semaforo_0_464353697.html

Peligro en el semáforo

Otra modalidad de los motochorros. Buscan víctimas que andan solas en auto y les rompen el cristal del lado del acompañante cuando se detienen. Aprovechan la sorpresa para robarles lo que llevan sobre el asiento. Suelen actuar en avenidas.

Eran las cuatro de la tarde de un día de semana como cualquier otro cuando la mujer frenó con su auto frente a un semáforo en rojo, en el barrio de Recoleta. Fue en ese momento que dos ladrones en moto le rompieron el vidrio del lado del acompañante, aprovecharon su sorpresaante el estallido, y en segundos le manotearon una computadora, dinero y documentos que llevaba sobre el asiento.

Lo que le pasó el martes a las cuatro de la tarde en Juncal y Agüero a esta mujer, la periodista de Clarín y C5N Paola Juárez, no es una modalidad delictiva absolutamente nueva. Pero en los últimos meses se dieron a conocer varios hechos similares que marcan un recrudecimiento .

Los robos se focalizan fundamentalmente en los barrios de Recoleta, Palermo y Barrio Norte. Fuentes de la Policía Federal señalaron que las zonas más calientes están en avenidas como Figueroa Alcorta, Callao, Santa Fe, Bullrich, Libertador y Pueyrredón.

“Son modalidades que llegan de Colombia y Venezuela y se vienen cometiendo hace un tiempo en el país. El objetivo de los asaltantes es robar celulares, maletines, carteras, computadoras o algún otro objeto valioso. Por lo general son golpes rápidos, efectivos y de escape veloz. Por eso se focalizan en avenidas”, explicó a Clarín un alto jefe de la Federal.

Según los investigadores policiales, para dar estos golpes los ladrones se mueven de a dos y van en moto. Primero buscan una víctima que lleve una cartera u otro objeto de valor apoyado sobre el asiento del acompañante. Después la siguen hasta que el coche frena en algún semáforo y recién ahí atacan .

“Son golpes muy rápidos, que no duran más de 20 segundos, y las cámaras de seguridad que están en las calles no llegan a registrarles el rostro a los asaltantes en tan poco tiempo”, señaló a Clarín el superintendente de Comunicaciones de la Policía Metropolitana, Eduardo Martino. Y, reactivando una vieja polémica iniciada por el PRO sobre los motoqueros, aseguró que los controles se hacen difíciles cuando van más de dos personas en una misma moto.

A la hora de concretar el ataque, los motochorros tienen sus trucos. “Para romper el vidrio del coche, los ladrones usan el casco o una bujía (en ocasiones, soldada a una cadena). Ante el estallido del vidrio, las víctimas se paralizan y quedan sin reacción. Enseguida, uno de los asaltantes toma el botín, sin abrir la puerta del coche ”, contaron fuentes policiales.

Los policías consultados por Clarín coincidieron en que los asaltantes buscan víctimas que vayan solas y que las que más sufren estos golpes son las mujeres . “Las eligen porque acostumbran llevar la cartera en el asiento del acompañante y, muchas veces, abierta. También, porque son las que menos se resisten a lo robos”.

Un alto jefe de la Federal que estuvo al frente de varias comisarías porteñas contó que los ladrones tratan de dar los golpes en avenidas anchas y en horarios de mucho tránsito , para poder escapar entre los coches sin que los persigan.

“Se denunciaron casos en los que los ladrones hicieron frenar a sus víctimas mediante engaños, como el de hacerles señas de que tenían una goma desinflada, y recién les rompieron el vidrio con el auto detenido”, agregó otro jefe policial.

Sobre la cantidad de hechos que se producen con esta modalidad no hay estadísticas, por dos razones: la primera es que las aseguradoras no les piden a sus clientes que hagan la denuncia policial para reponerles el cristal roto; “El otro motivo es que nadie quiere hacer esa misma denuncia porque tienen que dejar el coche con el vidrio roto en la comisaría entre 24 y 48 horas para que sea peritado”, informó un investigador.

El fenómeno también se da con menores que corren hacia los autos en los semáforos y manotean lo que pueden, en particular en Recoleta y en Palermo.

Un taxista que suele levantar pasajeros en la zona del cementerio de la Recoleta –prefirió no dar su nombre– aseguró a Clarín que uno de los lugares más conflictivos para los automovilistas está en el semáforo de la avenida del Libertador casi Schiaffino, enfrente del Palais de Glace. El hombre señaló que en esa zona suele haber grupos organizados (en su mayoría, de menores de edad) que aprovechan el semáforo en rojo para robarles a los conductores .

“Ahí está siempre lleno de pibes. Muchos son limpiavidrios, chicos que están trabajando para tener algo de morfar. Pero después hay banditas que esperan a que la gente frene en el semáforo y empiezan a caminar entre los autos. Y si ven algo que les interesa, agarran y lo manotean. Después es muy difícil seguirlos, porque los tipos se escapan corriendo para el lado de la villa 31, que está ahí nomás”.

Daniel, dueño de un quiosco ubicado en la calle Peña al 2700, en Recoleta, contó aClarín: “Acá todos andan apurados y nadie toma precauciones porque creen que es una zona segura. Pero se equivocan”.

El quiosquero recordó un episodio que, para él, lo grafica todo. “El lunes estábamos con una clienta que me estaba contando sobre un robo que hubo acá a la vuelta, en la puerta de su casa. De repente escuché ruido de vidrios rotos y vi pasar a dos tipos en una moto, que salían a toda velocidad. Entonces me asomé a la calle y vi un auto gris a metros de mi local. Los tipos le habían roto el cristal, robaron algo que vieron adentro y se fueron”, recordó Daniel. Y todo eso en plena tarde, en una de las zonas más transitadas de la ciudad.

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