Posteado por: museodegrandesnovedades | marzo 14, 2011

Si no hay justicia, hay escrache

Denuncian por abuso sexual al ex policía que mató a “El Frente” Vital

http://tiempo.elargentino.com/notas/denuncian-abuso-sexual-al-ex-policia-que-mato-frente-vital

UN GRUPO DE PERSONAS ESCRACHÓ AL EX SARGENTO HÉCTOR SOSA EN LA PUERTA DE UNA IGLESIA EVANGÉLICA DE GARÍN

La ex pareja de Sosa se contactó con la madre del adolescente asesinado en 1999 en una villa y le pidió ayuda. Según ella, violó a su hija desde que la chica tenía 12 años. El acusado se defendió: “Yo ya pagué. Vayan a la justicia.”
Lo voy a seguir a donde haga falta, a su casa en Nordelta, a la inmobiliaria donde trabaja. La causa se cerró, pero yo sé que esto le duele mucho más”, desafió Sabina Sotelo, la madre de Víctor Manuel “El Frente” Vitar, mientras se tocaba la panza, como reafirmando que ese dolor que tenía desde el sábado finalmente había desaparecido. Desde que el ex sargento de la Bonarense, Héctor “El Paraguayo” Sosa, fusiló a su hijo a sangre fría, Sabina nunca paró. Ni de denunciar la impunidad policial, ni de perseguir al asesino, al que cataloga de “cínico” y “cobarde”.

Ayer realizó un nuevo escrache junto a familiares y amigos. Esta vez frente a la iglesia Evangélica Rey de Reyes en Garín, el lugar elegido por “El Paraguayo” para exculpar sus pecados frente a Dios. La nueva acusación es por abuso sexual. La víctima: la hijastra del ex policía, que padeció los abusos desde 1999.

María Luisa, la ex esposa de Sosa, presentó la denuncia por abuso el pasado 3 de diciembre en la fiscalía de Escobar. Recién se hizo pública esta semana, cuando el periodista Cristian Alarcón, autor de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, una crónica sobre la vida de “El Frente” Vital, reveló un primer encuentro entre Sabina Sotelo y María Luisa. En esa charla, la mujer trazó el perfil de su ex pareja en la intimidad: “Nos amenazaba con armas. A mi hija la corría con una escopeta. Me volvía loca diciéndome: ‘Yo maté a esos negritos, ¿te crees que no puedo matar a los tuyos?”, dijo.

Otros relatos tomados de la declaración de su hija en la fiscalía completaron el escenario de violencia familiar: “A la edad de 12 años, esperando que todos se fueran a dormir entró en mi habitación y comenzó a tocarme las partes íntimas mientras se masturbaba, amenazando con matar a mi madre si yo contaba lo sucedido. Que la mataría como ‘hacía con los chorros en su trabajo”, declaró la joven de 24 años.

“Violador, asesino, te seguís refugiando”, le gritaron ayer en el escrache. La cita era a las cinco frente a la iglesia Evangélica que está en Garín, junto a la colectora de Panamericana. Sabina Sotelo sabía que lo encontraría escuchando la prédica del pastor Rubén, una rutina que repite desde hace seis meses. Sabina entró con un par de mujeres y se sentó entre los fieles, como si fueran parte de la congregación. Frente al auditorio pidió micrófono para contar su “testimonio de fe”, pero el pastor Rubén, desconfiado, le negó la palabra. Entonces Sabina empezó a gritar a los cuatro vientos quién era el “hermano Héctor”.

Sosa escapó de la iglesia, no sin antes recibir una trompada de Sabina en la cara. Afuera lo esperaban el resto de los vecinos, familiares y amigos, armados de megáfonos y volantes con la consigna “Héctor E. Sosa violador y asesino.” Todo el grupo lo siguió hasta la parada del colectivo 720. Cuando subió al ómnibus, un piquete improvisado trabó su salida. Recién pudo huir cuando dos colegas de la Bonaerense lo levantaron con su patrullero. Durante todo ese tiempo, Sosa sólo se defendió argumentando: “Yo ya pagué, vayan a la justicia.”

Entre las autoridades de la iglesia, la defensa de su devoto fue acérrima. “Sabemos que su ex mujer está desequilibrada y que está dispuesta a inventar cualquier cosa con tal de meterlo preso”, dijo el pastor Ariel, quien llevó a Sosa a la Iglesia. Los dos se conocieron en la agencia inmobiliaria por una consulta de alquileres en Escobar. Se hicieron íntimos. Por eso, ayer, después de la huida, Sosa lo llamó al instante. “¿Por qué no te quedaste?”, le preguntó su amigo. La respuesta fue de un fiel comprometido con la causa de Dios: “Lo último que quería era provocar problemas en la iglesia”, dijo el ex policía.

 

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