Posteado por: museodegrandesnovedades | febrero 7, 2011

Siguen los balances a un año de la PM

http://sur.elargentino.com/notas/el-ano-que-vivimos-custodiados-por-macri

El año que vivimos custodiados por Macri

El primer aniversario de la Policía Metropolitana, una fuerza de seguridad hecha con retazos de otras

La Policía Metropolitana acaba de cumplir un año en la calle, pero ya es vieja: la mayoría de sus integrantes se formó en la Policía Federal, la institución menos democratizada de la Argentina, y un gran porcentaje de ellos comenzó su carrera durante la última dictadura. Después de postergar su lanzamiento en varias oportunidades, la policía de Macri salió a la calle el 5 de febrero de 2010. “Es una mañana histórica”, dijo el jefe de Gobierno cuando sus hombres empezaron a recorrer la Comuna 12 (Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Coghlan y Saavedra) con 500 policías. Pronto la novedad se reveló como su contrario. Hoy, sobre un total de 1.800 agentes, 1.250 provienen de otras fuerzas y se prevé para el 2011 la incorporación de otros 350 con experiencia previa.
Es sabido que cualquier iniciativa a favor de la seguridad es festejada por los porteños. Los sondeos que se realizaron en la Comuna 12 dan cuenta de una valoración positiva de la presencia de la Metropolitana en las calles. Sin embargo, el virus que expandió Jorge el FinoPalacios en la Metropolitana será muy difícil de eliminar. No sólo se trata de los ex Comisarios de la Federal que conducen la Metropolitana: los jóvenes aspirantes para poder ingresar deben hacer un curso bajo un estricto reglamento de conducta, propio de cualquier ejército del siglo XIX.
Es cierto que no se puede crear una Policía sin policías. Sin embargo, Macri se esforzó en construir un perfil policial lo más alejado posible de una fuerza moderna y renovada, y en vez de apostar a la formación de nuevos agentes, en escuelas democráticas, reclutó a personas acostumbrados a los vicios corporativos La apuesta de Macri, con las neopicancas Taser incluidas, fue demasiado costosa. Política y económicamente. En política, recibió desde un procesamiento judicial firme hasta una Comisión Investigadora en la Legislatura que culminó con un pedido de juicio político y una Comisión de Revisión de Legajos que le exigió la remoción de la cúpula de la fuerza por sus antecedentes o ausencia de datos. En lo económico, un gasto descomunal para una policía sin incidencia real con inversiones únicamente tecnológicas: equipamiento, armas y patrulleros con estética espacial.
En los planes de prevención del delito de la Ciudad se repiten viejos esquemas en donde lo único operativo es la prevención situacional (cámaras, senderos seguros) y la prevención social es apenas un discurso. Y se identifican supuestos grupos de riesgo en personas que no cometen delitos. En definitiva, un plan para la televisión: mostrar la cobertura de chocolate aunque la torta tenga lombrices.
Consultada por Miradas al Sur, la legisladora de Encuentro Popular para la Victoria, Gabriela Alegre, señaló sobre la Metropolitana que se trata “mucho más de una actividad de propaganda dictada por sus asesores de imagen que de una política pública con resultados efectivos para la vida de quienes habitamos Buenos Aires. Durante este año, el gobierno de Macri, por su concepción autoritaria y por privilegiar su discurso opositor al Gobierno Nacional, perdió, como mínimo, recursos, tiempo y la oportunidad de que hoy tengamos una policía democrática, de cercanía y que contribuya a garantizar los derechos humanos”.
El legislador de Proyecto Sur, Rafael Gentilli, en similar sentido, le dijo a Miradas al Sur: “A un año de la salida a la calle de la Metropolitana lo único que nos queda claro es su carácter indiscutiblemente marketinero. Los delitos sobre los que intervino fueron en su mayoría delitos no transferidos a la Ciudad, y las contravenciones sobre las que intervino no constituyen ni el 1% de las registradas en la Ciudad”.
La acciones en calle de la Metropolitana más importantes fueron la represión en Liniers en junio y la intervención en el Indoamericano en diciembre. En el medio, según datos del Ejecutivo porteño, 700 controles vehiculares, 600 actas contravencionales y alrededor de 100 allanamientos. Como pequeña muestra de lo viejo en lo nuevoMiradas al Sur publicó el 19 de septiembre de 2010 un caso de discriminación de un agente de la Metropolitana hacia una empleada doméstica peruana.
En Liniers se observó una represión injustificada y violenta, en horas de la madrugada, sobre un grupo de vendedores callejeros. En un operativo que no prevenía ni perseguía el delito, se apostaron 70 policías para limpiar el espacio público. Actualmente, la Justicia investiga la legalidad de ese desalojo y el comportamiento de los agentes que intervinieron.
En el Indoamericano, la Metropolitana actuó con todo su potencial, de la mano de la Federal, con un saldo de tres muertos, y ambas fuerzas son investigadas por su posible vinculación con aquellos asesinatos.
La diputada Alegre le dijo a este diario que en su momento habían alertado sobre los problemas “que podía tener la superposición de dos policías en el territorio de la Ciudad, sin protocolos de actuación determinados. Eso quedó en evidencia en los hechos ocurridos en el Indoamericano donde la Metropolitana demostró que no pudo garantizar el cuidado del predio una vez desocupado y que quedó sospechada por las muertes”.
El diputado Juan Pablo Arenaza, de la Coalición Civica, también opinó sobre el año de la Metropolitana en la calle. “Se priorizó una necesidad política: que la policía salga rápido, de cualquier forma, sin importar las consecuencias que esto trae para la sociedad y la propia fuerza”, dijo.
La Metropolitana sumó hace pocos días su custodia en la Comuna 15 (Agronomía, Villa Ortúzar, Chacarita, La Paternal, Villa Crespo y Parque Chas) y acaba de inaugurar el primer precinto (comisaría) en el barrio de Saavedra.
En este año que pasó la conducción de la Policía Metropolitana tampoco expuso ante la sociedad cuáles son las formas de alcanzar su objetivo principal (reducir la tasa de delito en la Ciudad). La sola idea de acercarse y escuchar a la gente es una respuesta corta que se pierde en su vaguedad. “Los problemas de la gente” no son uniformes, inequívocos; sino todo lo contrario: en cualquier sociedad se convive con intereses contrapuestos. Cuando no está transparentada la mirada institucional, cuando no hay convicciones ni línea política fuerte para respetar la diversidad y los derechos humanos, la vieja policía –formada y construida en paradigmas de cuartel y poco democráticos– acostumbra a ver todo con un solo ojo (el derecho) y a encarar su intervención como si fuera un combate y no como una herramienta de prevención.

• Un entrenamiento de terror
El Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad (ODH) lo difundió el martes: “Por segundo año consecutivo, Mauricio Macri decidió enviar integrantes de la Policía Metropolitana a un Curso de Antiterrorismo en el Ilea, en El Salvador, en un claro desvío de los objetivos estipulados en la ley de Seguridad Pública de la Ciudad”. El Canciller Héctor Timerman levantó el tema esa misma mañana e hizo volar por el aire las redes sociales. Inmediatamente, el Ejecutivo porteño, a partir de la mano de varios funcionarios de rango, empezó hostigar a Timerman con epítetos como “esquizofrénico”. Los portales digitales se hicieron una fiesta, y la denuncia ganó espesor institucional. El jueves a la mañana la ministra Nilda Garré confirmó la línea del Gobierno Nacional: “No se comprende cuáles pueden haber sido los objetivos para que una policía ciudadana, que tiene atribuciones muy acotadas, tenga que ir a entrenarse”.
Más tarde, el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, organizó, junto al ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, y el jefe de la Metropolitana, Eugenio Burzaco, una conferencia de prensa para recomendarle a la Presidenta de la Nación que le exija la renuncia al Canciller.
Asusta, aunque no asombra, que el macrismo insista en formar a la policía de la Ciudad en la continuadora de la Escuela de las Américas que preparó a integrantes de las dictaduras latinoamericanas de los ’70.

http://sur.elargentino.com/notas/la-metropolitana-no-le-gustan-los-peruanos

A la Metropolitana no le gustan los peruanos

19 de septiembre de 2010

El domingo 16 de mayo, por la tarde, Sonia paseaba con cuatro amigas por la calle Florida. Con cordialidad le decían que no a los tarjeteros que les ofrecían cuero, habanos y camisetas de la Selección Argentina. Miraban vidrieras y disfrutaban de la única jornada libre de la semana. Tres de las chicas frenaron frente a una pareja que bailaba tango. Sonia y otra compañera siguieron caminando, agarradas del brazo. Unos metros más adelante, la Policía Metropolitana desalojaba a los artesanos y manteros de la peatonal. Dos de los uniformados vieron pasar a las chicas, se codearon, y las abordaron por la espalda. Uno de ellos, con tono severo, indagó: “¿De dónde son?”. “Del Perú”, palideció Sonia. El policía bajó el mentón, deslizó hacia arriba los lentes oscuros que le tapaban los ojos, y escupió la advertencia: “Miren esta cara; no las quiero ver más por acá; si las vuelvo a ver les pego una patada en el culo y no sé dónde las mando”.
La amenaza discriminatoria del agente terminó en un expediente judicial. Miradas al Sur accedió a las copias de la causa. El policía metroplitano se llama José Molina y sus abogados solicitaron la suspensión del juicio a cambio de una probation: 28 horas de trabajo comunitario y 16 horas de un curso de derechos humanos. La fiscal del caso aceptó el pedido.
Sonia trabaja como empleada doméstica en la casa de un funcionario diplomático de la Embajada del Perú. Después del incidente, la mujer hizo la denuncia en la comisaría N° 15. Consultada por Miradas al Sur, Sonia contó que la hizo “para que ninguna otra compatriota tenga que sufrir el ataque de un policía por el hecho de ser peruana”. De la comisaría fue a su lugar de trabajo, y le relató los hechos al dueño de casa. Él le preguntó si sabía el nombre del agente. Ella dijo que sí, que había dicho que se llamaba Antonio Quiroga. El diplomático salió disparado hacia la peatonal. Ella lo acompañó.
Sobre la calle Florida visualizaron al grupo de agentes de la Metropolitana. Molina, instintivo, cuando vio venir a la inmigrante con un hombre bien vestido que avanzaba a paso firme, se separó del grupo y se escondió en una casa de comidas rápidas. Frente a los uniformados, el funcionario le preguntó a Sonia cuál había sido. El hombre no estaba. Le preguntó a los policías si tenían problemas con los ciudadanos peruanos y los agentes, tibios, dijeron que no. El diplomático pidió hablar con un superior, y enseguida apareció Gabriel Chacón, a quien le relató la historia. Pero Chacón la sabía mejor que nadie porque él era el agente que acompañaba a Molina cuando amenazaron a las mujeres.
Apareció otro policía y les dijo que el agresor era de la Policía Federal. La estrategia de los policías metropolitanos era muy burda y pretendía subestimar a los ofendidos, que no se dejaron atropellar. Chacón, acorralado, admitió que el agresor pertenecía a la nueva policía de Mauricio Macri pero no les dijo el verdadero nombre.
Al otro día Sonia y el diplomático declararon en la Fiscalía Contravencional y Penal N° 5. A los dos días, la fiscalía ya tenía el nombre del agresor. Encuadraron el hecho en la contravención que sanciona la discriminación por razones de nacionalidad, y citaron a declarar a varios policías. A Molina lo citaron tres veces. Se presentó recién en la última, y se negó a declarar. La Policía Metropolitana también inició un sumario administrativo, que tendrá que evaluar la conducta de Molina en el marco de las leyes de seguridad dictadas en la ciudad de Buenos Aires.
La normativa prevé claramente que el personal policial debe actuar en todo momento con el grado de responsabilidad y ética profesional que su función exige, y teniendo como meta la preservación y protección de la libertad, y los derechos de las personas.
La influencia del diplomático, esta vez, forjó un desenlace muy poco frecuente para el acostumbrado atropello que las fuerzas de seguridad cometen contra los inmigrantes de los países vecinos.

 

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